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September, 2008 JUSTICIA POETICA / 2008Me gusta que las cosas parezcan cómics… La mayoría de las veces en que nos topamos con algo mal resuelto en términos estéticos o estrictamente artísticos, me ha tocado escuchar frases del tipo:"...parece cómic...". Y siempre he pensado que las personas que las emiten son ignorantes. Lo siento. Busqué sinónimos más agradables... pero entre lo políticamente correcto y la sinceridad prefiero caer mal. Ignorantes. Esa gente no sabe lo que es un cómic. Un buen cómic al menos. y estos no son una especie en extinción en el noveno arte. Nunca he escuchado de un crítico de cine, teatro, literatura que reconozca en el cómic un referente que de solidez a sus juicios estéticos o teóricos. Hagamos la prueba... ¿cuántas veces hemos leído o escuchado que tal o cuál actor de tal o cuál película nos trae a la memoria al Dr. Gull de From Hell o al Rochard de Watchmen?... ¿cuántas veces un critico literario reconoce en tal o cual novela u obra poética las texturas psicológicas de las murallas del Arkham Asylum de Morrison? Sin embargo, en más de una ocasión un mal libro, película u obra de teatro cae en el lugar común de..."parece un cómic". Pareciera que el noveno arte esta condenado a ser el tercer mundo de las artes. Y como buen tercer mundo todos pueden experimentar con nosotros y por supuesto clausurando la posibilidad de replica. Como buen tercer mundo no tenemos derecho a la democracia. Pues bien. Lo aceptamos. Pero no se quejen cuando tengamos que optar por la revolución para ser reconocidos. Esta novela gráfica es consecuencia de una amalgama de afortunados hechos fortuitos gatillados por la desgracia humana. Como que la actividad de periodista desde los 90 a la fecha a ido en decaimiento de manera inversamente proporcional al desarrollo de los medios. La supuesta revolución tecnológica de las comunicaciones aparte de deformar el lenguaje destruyo la actividad periodística seria. Hoy leemos titulares y nos sentimos informados. Tenemos una vida estructurada en base a consignas, slogans y eufemismos erigidos sobre los fetiches de la tecnología. Así que escribí una novela sin mayores pretensiones que escribir y convertirla en mi carta de presentación en un medio bastante desgraciado como lo es el medio literario. - Parece un cómic - me dijeron. En lo personal me pareció halagador pero la intención de dicha frase ya la hemos analizado. Por si no lo recuerdan: en Chile hay pobres y hay un ministerio que se dedica a ello. Los cuenta, los ordena, les entrega sueños de emprendimiento económico. Viendo mis escasas posibilidades de ejercer de periodista y que mi futuro de escritor era nada de halagador acepté de buena manera un trabajo en un programa de desarrollo social en la IV Región. Así que con más petacas que camas me traslade hasta la ciudad de Coquimbo para superar la pobreza. Coquimbo es una ciudad extraña. Y no estoy diciendo que sea fea o freak. Estoy diciendo que expresa de manera brutal las contradicciones de la sociedad chilena: hay mucha belleza que convive con núcleos endémicos de pobreza dura como diamantes. Tiene un barrio inglés con un sello victoriano que le distingue. Tiene esa mística de los piratas. Y tiene a Carlos Carvajal. Y no es que Carlos Carvajal, sea un elemento dentro del paisaje. Es solo que nos olvidamos que las ciudades existen en la medida de sus habitantes y sino reconocemos en ellas al verdadero espíritu de un lugar estamos perdidos. Sería confundir la defensa de los paisajes con naturaleza. Carlos Carvajal es un artista formado en la disciplina. Más aún, en la autodisciplina. Y créanme, en Chile, es muy valioso como escaso. Y tratándose del cómic es impagable. Como buen hijo de su tiempo, Carlos se hizo adulto en una época miserable, mezquina y tenebrosa. En los años 80; nada bueno podía ocurrir sino estaba regulado por el tema político y el terror. Los 80 son nuestra estadía en el tercer mundo y hay personas y disciplinas creativas que aún siguen allí. Carlos Carvajal adapto una novela enferma de fantasmas tercermundistas y que en cierta manera reflejaba el ambiente de principios de los 90 en Chile. Un país con miedo a tener identidad y a disfrutar de la vida. Un país oscuro y que aún no perdía su capacidad de asombro frente a las atrocidades que cometieron la pandilla de asesinos seriales que nos gobernó durante 17 años. El propio Warren Ellis, guionista del aclamado cómic The Planetary, lo retrata muy bien al describir las acciones del Gobierno de Tatcher en la Inglaterra de los 80 "... Inglaterra era un lugar de miedo no es de extrañarse que produjera una cultura de miedo...". Y créanme, la sensación no era propiedad exclusiva de los ingleses. Así surgió "De Extraños y de Héroes", de la depravación macabra de los años 80 a la incertidumbre de los 90. Su protagonista es Luciano Cruzolo. Un tipo sin identidad que vagabundea por un narcótico mundo y que la pierde de manera permanente. mezcla de guerrillero metafísico con Kurt Cobain y misógino adicto a las snuff movie. Con una moralidad hueca que le permite vagar por la decadencia de una ciudad deudora de todas las ciudades góticas. Cuando describo comprendo porque me dijeron que mi novela parecía cómic. Destinada al ilustre panteón del anonimato, Carlos Carvajal la tomó y la llevo al complejo lenguaje del cómic. Y en dicho acto logra exorcizar todos los demonios presentes en las intenciones que hicieron la novela. Y lo logra con creces. hacer cómics en Chile es análogo a los proyectos de superación de la pobreza: una utopía en formato individualista y que rara vez logra sacar a la gente del tercer mundo. Carlos logra salir del tercer mundo y a eso se enfoca con su propuesta de brutalidad visual solo concebible por alguien condicionado biológicamente a formarse como hombre en una ciudad mágica como Coquimbo y en el marco de los espeluznantes años 80. En tiempos en que es tan fácil bajar utilidades graficas de internet, la propuesta de Carvajal va por los más estoicos recursos del cómic. Tinta, pluma y algunos collage. Simpleza y oficio. No es menos en tiempos en que los cómics se hacen pensando en la cantidad de pixeles por pulgada antes de la cantidad de sensaciones e ideas que se vierten por viñeta. Para terminar debo hacerles una confesión... esta novela la termino de hacer Carlos Carvajal. Si. Siempre tuvo que cargar con "el lastre de parecer un cómic". Y palabra que me siento orgulloso de que lo parezca. Sobretodo porque nunca pensé que mi novela pudiera inspirar algo tan serio como una novela gráfica que esta destinada en colaborar en esa causa que mantenemos con Carlos: sacar al cómic del tercer mundo de las artes en Chile. Es un grano de arena... lo que no sabemos en que recoveco o hendidura del cuerpo quedará alojada. Yo apuesto por el lugar más incomodo. De seguro el verdadero autor desea que se aloje en alguna porción de la conciencia de este mundo de extraños y de héroes que van por ahí, ejerciendo algo parecido a la justicia poética.
Edicson Solar Torres Escritor
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